viernes, 16 de octubre de 2015

Capitulo 5 / Segunda parte









5




Aquella misma noche me alejé de Venecia con el fin de que Sixto no pudiera encontrarme. Negaba volver a sentirme dominado por él. Tenía que cumplir mi propósito antes de volver a reunirnos.




Primero pasé sobre Roma. Después sobrevolé España, mi país natal, pero aterricé en Portugal, concretamente en su capital, Lisboa.




Los españoles siempre habíamos reaccionado de modo negativo al oír el nombre de aquel país, pero escribo sobre ello para desmentir los rumores: Lisboa es hermosa, y las personas que allí viven son las más hospitalarias y amables que he encontrado jamás. Por desgracia, allí a donde voy, por todas partes hay malhechores, personas que merecen ser expulsadas de la sociedad, personas a las que yo expulso de la sociedad con el fin de alimentarme.




Hice de una sencilla habitación de hotel mi guarida en Portugal. Allí pasaría las horas durante el día, por las noches ultimaría detalles de mi novela y sobre mi próximo encuentro son Sentus.




De nuevo encontré un lugar donde pasearme por las noches, un lugar que me enamoró. Se trataba de un pequeño convento gótico en lo alto de una de las siete colinas de Lisboa. Un hermoso lugar, aunque la iglesia carecía de techumbre, tras el terremoto de 1755, sólo los arcos que la soportaban permanecieron en pie. Aquel templo al aire libre tenía un encanto sobrecogedor, lo habían convertido en museo. Su interior estaba repleto de lápidas centenarias, incluso constaba de un par de momias, me encantaba colarme por las noches y pasearme por su interior libremente sin que nadie me disturbara. Cuando me cansaba de mirar aquel lugar mágico, volaba hasta la playa, me encantaba sentir aquel fuerte viento, me recordaba a mi hogar. Pero también tenía que alimentarme.




Una vez situado en Lisboa, terminé de tramar el plan de caza contra Sentus.




PLAN PARA ACABAR CON SENTUS:




El plan constaba de 3 simples pasos.




PRIMER PASO: Publicaría el libro, (en el que omitiría mi recién descubrimiento de cómo mantenerme despierto tras la salida del sol. )

La obra ya escrita sobre mi vida: Aquello, supongo, haría que Sentus saliese de su escondite, vendría a por mí. Yo me mantendría escondido entre las sombras con la mente bien sellada, para que no diera conmigo. Pero yo, daría con él.




SEGUNDO PASO: Buscaría a un humano que deseara morir o que lo mereciera, le extraería toda su sangre y me la inyectaría por vena. De ese modo evitaría que mi alma me abandonara al salir el sol.




TERCER PASO: Durante el día, me presentaría en el lugar de descanso de Sentus y le mataría. Aun no tenía bien claro cómo llevaría a cabo la operación. Quizá bebería toda su sangre mientras se encontrara indefenso, para adquirir su poder. O simplemente lo dejaría en alguna callejuela para que el sol acabara con su existencia. Todo a su tiempo.




PRIMER PASO: Me dirigí a una pequeña editorial y con facilidad dominé mentalmente a todos los humanos que allí trabajaban.




Entre sonrisas les entregué una gran cantidad de dinero y el manuscrito. Me aseguraron que en 15 días lo tendrían todo preparado.




Fue bastante sencillo.




Salí de allí antes de que nadie más pudiese alcanzar a verme. Me paro a pensar ahora, y creo que los siguientes hechos que ocurrieron también debería haberlos añadido en el libro. Pero en aquel momento, primero, no sabía que algo tan destacado ocurriría y, segundo, lo único que deseaba era terminar con Sentus lo antes posible.




Sin embargo es por esa razón por la que sigo escribiendo, para poder plasmar aquí la mayor desgracia que me podía haber ocurrido. Y ocurrió. Quizá podrán añadirla en las siguientes ediciones.




Una vez publicado mi libro, mi plan podía continuar.




A la semana todos los quioscos y librerías lo anunciaban en sus escaparates. Comparando mi libro con los del mismísimo Escritor, o, como yo le conocía, Sixto. En los diarios de todo el mundo opinaban que el autor que se hacía llamar, John el vampiro, debía de ser el famoso Escritor, que había dedicado más de doscientos años a escribir relatos sobre vampiros.




En los diarios menos serios repetían la misma noticia, añadiendo que éste había resurgido de entre sus cenizas, para así alimentar el deseo de todos los que creían que se trataba de un verdadero Vampiro.




En cambio los más serios, afirmaban que aquel conjunto de publicaciones se debía a un legado familiar, que durante dos siglos habían aprovechado a continuar la saga que un día se hizo famosa.




Una noche mientras paseaba por el casco antiguo de la ciudad, sintiéndome victorioso, ya que mi plan para destruir a Sentus seguía en marcha, de repente me sentí observado. Elisabeth se encontraba frente a mí, me impactó verla, casi acabo con su vida por puro instinto. Ésta, al ver que había detectado su presencia corrió hacia mí y se arrojó a mis brazos besándome. Yo respondí gratificado a sus besos. Por algún motivo no me atreví a preguntarle en aquel momento cómo había podido seguir mi rastro.




Yo, aún no me había alimentado, así que practicamos una de esas morbosas acciones que tanto nos gustaban a los dos. A ambos nos excitaba profundamente que ella presenciara cómo me alimentaba. Y lo mejor era cuando, entre los dos, pensábamos un modo de cómo deshacernos del cadáver. No recuerdo qué fin tuvo aquel cuerpo en particular.




Después nos dirigimos a mi nueva guarida en Lisboa. Hacía ya unos días que había abandonado mi habitación de hotel y había comprado una casa a las afueras. Aún no había tenido suficiente tiempo para convertirla en lo que era mi casa en Murano, pero ya comenzaba a sentirme a gusto en ella. Seduje su mente, la hice sentar sobre la moqueta y no dejé que se moviera mientras me quitaba la ropa. Imitando a Sixto en una ocasión, me dirigí desnudo hacia la ducha. Dios, cuánto tiempo había pasado desde que no me metía dentro de una ducha.




Los vampiros no sudamos del mismo modo que lo hacen los humanos, la suciedad que cae sobre nosotros no se adhiere a nuestra piel, por lo tanto no es necesario que dediquemos tiempo a limpiarnos. La única razón por la cual un vampiro puede meterse en una ducha es por puro placer.




Dejé que el agua se deslizara sobre mi cuerpo, al tiempo que alzaba la cabeza para que me golpeara en la cara. Permití que Elisabeth se acercara un poco más. La vi entrar a gatas por la puerta. En cuanto pudo verme se dejó caer al suelo y sabiendo que no podría moverse, se mantuvo quieta en él observándome. Sonreí al verla tirada. Me llamaron la atención sus ojos verdes.




Salí de la ducha notando cómo las últimas gotas de agua se deslizaban por mi cuerpo y caían al suelo. Me agache y la cogí en brazos. Al llegar a la cama la dejé libre, desbloqueé su mente. Se abalanzó sobre mí ansiosa e impaciente por lo que le había hecho. Después de un surtido de besos y caricias hicimos el amor como si de dos mortales se tratase. Cuando ella tuvo suficiente, se tumbó sobre mi hombro y suspiró.




— ¿Por qué huiste de mí? —preguntó apenada. Negué con la cabeza.




— No era de ti de quien huía —respondí mirándole de nuevo a los ojos.




— ¿Me amas? —me preguntó alzando la cabeza para poder mirarme a la cara.




Aquella pregunta me hizo sonreír.




— ¿Acaso tu respuesta es negativa? —quiso averiguar, malhumorada.




—Soy incapaz de amar. Perdí la habilidad de sentir hace mucho tiempo, querida —le expliqué. Elisabeth frunció el entrecejo al oír mi respuesta. Después negó con la cabeza—. Me volví loco hace mucho, recientemente empiezo a tocar con los pies en la tierra. Pero si me paro a pensar, soy consciente de que aún me queda mucho por recorrer hasta volver a estar cuerdo.




Pareció desistir, no iba a obligarme a declarar mi amor si éste no era cierto. Me besó de nuevo, apoyó su cabeza sobre mi hombro. Comencé a notar cómo mi cuerpo se relajaba. El sol se veía próximo.




—Puede que no de la misma forma que cuando era mortal, sin embargo… de algún modo, te amo —susurré mientras me quedaba dormido.




Me complació sentir su felicidad tras pronunciar aquellas palabras.




Entonces llegó el amanecer, y caí rendido al poder del sol.




Museo de la Iglesia do Carmo de Lisboa



No hay comentarios:

Publicar un comentario