miércoles, 30 de septiembre de 2015

Capitulo 9


9



Entre en casa la luz del pasillo estaba encendida, me metí en mi habitación y cerré la puerta. Posiblemente mi hermana se encontraba en la cocina preparando la cena para ella y para el niño. Me dejé caer sobre la cama abatido y de nuevo volví a llorar. Noté que las lágrimas se deslizaban por mis mejillas. Intente pensar de nuevo en las respuestas que necesitaba encontrar, antes de convertirme en algo eterno. Oí como alguien abría la puerta de mi habitación, no hice ni el esfuerzo de levantar la cabeza para ver quién era, Carol apareció a mi izquierda, caminaba sigilosa. Cuando se percató de que lloraba, se sentó al borde de la cama.

— ¿Tienes mal de amor? —preguntó casi sin mover los labios.

Negué con la cabeza, me incorporé sobre mis rodillas.

—Creo que lo único que he intentado toda mi vida ha sido... —vacilé unos momentos antes de terminar la frase— ¿Crear vida? —me pregunté a mi mismo, sorprendido de nuevo al ver que no tenía claro qué era lo que había intentado todos aquellos años. Me sequé las lágrimas de la cara.

—Crear vida —repitió Carol mientras me observaba divertida; siempre la encontraba mirándome de ese modo.

—Tu sobrino y tu hermana ya duermen, ella no se encontraba bien, así que yo, me quedé para hacerle un par de favores —dijo Carol mandándome un mensaje entre líneas.

Tragué saliva, y me acerque más a ella. Nos encontrábamos sentados en la cama, ella al borde y yo sobre mis rodillas. Mirándonos a la cara a unos centímetros de distancia.

—Si quieres puedo enseñarte algo sobre cómo crear vida... —me dijo mirando mi camiseta tímidamente.

Sin apartarme de su punto de mira, me la quité. Vi que se relamía y mordía su labio inferior ante aquel acto.

Esta se quedó inmóvil frente a mí con la boca entreabierta. Al fin se acercó más a mí y comenzó a desabrocharme el cinturón con calma. Le dejé hacer sin decir nada, cuando lo hubo desabrochado me empujó hacia atrás para poder quitarme los pantalones. Me quedé en ropa interior tumbado en mi cama con los ojos cerrados, sintiéndome bien por primera vez desde hacía horas. Abrí los ojos y vi cómo se levantaba, se alzaba la camiseta y se la quitaba, después sin andarse con rodeos hizo lo mismo con su pantalón.

—Cierra los ojos —me pidió. Sonreí y le hice caso, los cerré y me los tapé con las manos.

En unos momentos, cuando se hubo desnudado por completo se puso sobre mí dejándome preso entre sus piernas desnudas. Abrí los ojos y me incorporé hasta quedarme sentado. La observé detenidamente. Su cuerpo era esbelto suave y cálido. Sus pechos no eran demasiado grandes, pero si lo suficiente para tener una perfecta forma redondeada y todavía se mantenían en su sitio. Su cintura era estrecha y larga y de repente se hacía más ancha y daba lugar a sus caderas. Un fino vello asomaba de entre sus piernas escondiéndose en la tela de mi ropa interior, manteniéndose en contacto y sintiendo su calor. Esperaba que fuese ella la que comenzase a besarme. Sus labios temblaban, no sé si por la excitación, por vergüenza o el suspense de aquel momento.
Así que me decidí a darle un empujón, la atrapé rodeándo su espalda con mis brazos.
Al recordar mi brazo herido comentó.

—No sé qué te está pasando últimamente, pero recuerdo que ayer tu brazo sangraba, y hoy ni un rasguño...

Comencé a besarla apasionadamente para evitar tener que responder a sus preguntas. Cuando mis labios atraparon los suyos, noté cómo su piel se erizaba, ya que su timidez parecía haberla bloqueado, decidí tomar yo las riendas. La tumbé en la cama como si de una muñeca se tratase, y le bese todo el cuerpo de arriba abajo sabiendo con que intensidad debía presionar a cada momento, ella se estremeció haciéndomelo saber presionando en mi espalda con sus dedos. Me di rienda suelta para hacer con ella todo lo que me apeteció, aprovechando también para adquirir experiencia. Me encantó tocarle introducir mis dedos en sus orificios íntimos mientras le succionaba los pechos, a su vez ella tomo mi cabeza con sus manos y la presionaba con fuerza sobre su cuerpo. Luego estiro de ella para que volviera a posar mis labios en los suyos. Introduje mi lengua en su boca y la bese delicadamente, luego cerré los ojos y recordé a Sixto, me sentí... infiel, luego imaginé que el habría hecho lo mismo en mi posición, que cuando Adirand se le acercaba lo hacía. Seguido imaginé qué harían ellos de haberse encontrado ante una Carol desnuda y frágil. Sangre... Pellizqué con mis colmillos el labio inferior de Carol, no demasiado como para que el dolor remplazara al placer, pero si para que este soltara unas gotas de sangre. Sorbí las gotas luego sorbí de la herida y después continué besándola. Jugamos con nuestros cuerpos experimentando durante más de una larga y placentera hora. Y después al fin llegó el momento que tanto ansiábamos los dos: la penetré sin utilizar preservativo. Gimió de placer al notarme dentro. Hice lo imposible para que aquello durase un buen rato. Pero al fin terminó.
Me tumbé en la cama y ella apoyó su cabeza sobre mi pecho. Dormimos un rato, creo que soñé. Soñé que moría y me desperté asustado. Encontré a Carol en mi cama. Eran las tres de la mañana noté cómo el me llamaba. Oí su voz. Sin duda me había liberado. Ya no era su siervo, ya no me veía obligado a ir hacia él cuando él lo deseaba, y no era que no quisiera estar junto a él sino que debía zanjar aquellos asuntos antes de entregarme por completo.

Desperté a Carol con tiernas caricias, cuando abrió los ojos comencé a besarla y volvimos a hacer el amor.

Carol volvió a dormirse. Yo esperé, mientras miraba por la ventana, a que amaneciera con tristeza, pero ya era muy tarde, no disponía de suficiente tiempo para poder verle antes de que amaneciera.

Volví a ansiarle como tantas noches le había echo. Vi amanecer con nostalgia, de nuevo tenia las ideas claras, deseaba convertirme en uno de ellos, mi familia era feliz, así que podrían vivir sin mí.

Yo quería ser eterno, e incluso pensé en que si en diez años, ya me lo permitían, convertiría a Miche en uno de mi nueva especie. Cuando el sol lució inmóvil en el cielo azul, le deseé dulces sueños y el sueño hizo presa de mí. Carol se despertó en aquel preciso momento.

—Hemos escogido un mal momento para declararnos —le dije mientras me quedaba dormido. Esta me sonrió y besó tan apasionadamente que me obligó a despertar y a hacerle el amor de nuevo. Al terminar, ella se levantó y comenzó a vestirse.

—Es emocionante poder acostarse con un yogurín como tú.

Aquello me hizo sonreír. Cuando terminó de vestirse me beso a modo de despido y se dirigió a la puerta.



—No le digas nada a mi hermana —le pedí mientras volvía a quedarme dormido. Esta vez resultó, me quede dormido, pensando en él.

3 comentarios:

  1. Como en el anterior, la trama muy bien, empiezo a repetirme demasiado...Cuidado con los acentos, aquí faltan algunas comas. He encontrado "despido", que deberías sustituirlo por "despedida", pues no significan lo mismo, echa mano del diccionario para comprobarlo.
    Por lo demás, me gusta mucho y estoy deseando que sigas la historia. ¡Felicidades! ¡Buenas tardes! y ¡buena escritura!

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  2. Este capítulo me ha emocionado. Voy a seguir leyendo.

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