miércoles, 30 de septiembre de 2015

Capitulo 8


8






Me desperté sobre las diez de la mañana. Me levante rápido y fui al cuarto de baño, necesitaba orinar. Cuando terminé vi mi reflejo en el espejo. Me quedé alucinado, mi piel se había vuelto más blanca todavía, esta vez no había ningún morado, pero mi blancura haría pensar a más de uno que yo había enfermado.


Me vestí con agilidad, me puse un tejano y una camiseta negra. Me peiné, me lavé los dientes y cogí mi mochila, la cargué a mi espalda. Eché un vistazo rápido a mi piso, mi hermana y mi sobrino se encontraban allí. Al verme mi sobrino corrió hacia mí y me pidió alzando los brazos que le cogiera aúpa. Mi hermana salió de su habitación y me vio.


—Nos hemos quedado dormidos —dijo encogiéndose de hombros.


—Me encantaría pasar el día con vosotros, pero debería ir a la Uni —dije a modo de disculpa, por pasar tan poco tiempo junto a ellos. Al escuchar mis palabras, mi sobrino me abrazó bien fuerte, para que no me fuera. Fue suficiente para convencerme.


Salimos de casa y nos dirigimos al bar para desayunar.


Pasamos un rato allí, recuerdo que mi sobrino se metió dentro de la barra como si de un self-service se tratara y salió con un puñado de galletas, que regalábamos con el café y con un zumo de zanahoria y naranja. Se acercó a mí y alzó el zumo para que se lo abriera. Me senté en una mesa en la terraza del establecimiento, el niño me imitó y volvió a enseñar el zumo para que lo abriera. Al fin se lo abrí. Me levanté la camiseta, para poder notar el frío de la silla metálica en mi espalda, me incliné hacia atrás y apoye mi peso sobre esta. Mi sobrino, que no dejaba de mirarme, dejó el zumo sobre la mesa e imitó lo que acababa de hacer, claro que en su caso lo único que pudo tocar el metal fue su cuello. Me reí al ver lo que hacía.


Justo en ese momento llegó Carol y nos acompañó sentándose en la misma mesa que nosotros. Al verla, bajé mi camiseta tapando mis abdominales, y la saludé.


—Hola —me contestó— ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es que no has ido a clase hoy? —preguntó extrañada por mi presencia.


— ¿Acaso preferirías que hubiera ido? —pregunté—. He decidido pasar un día con mi familia, considero que los tengo algo abandonados.


Carol asintió con la cabeza y se quedó mirándome, yo hice lo propio seguido con una sonrisa. Mi sobrino al ver lo que yo hacía, me imitó de nuevo y miró también fijamente a Carol. Esta al verlo, le cogió en brazos y le empezó a dar pequeños besos en la mejilla. Enseguida llegó también Kristin dejando un café con leche y un croissant para mí, otro para la recién llegada y un refresco y un bocata de queso para ella.


— ¡Qué bien que hayas llegado! Así podremos ir los cuatro a dar un paseo —dijo mi hermana alegre de que su amiga hubiese llegado.


Y fue así como pasé el último día junto a mi familia. Dimos un paseo por la rambla principal. Recuerdo que le compré a mi sobrino un globo de helio con forma de caballo, fue el que eligió, y que rato después decidió dejar libre. Claro que me transmitió esa decisión en su “idioma”, por supuesto que le entendí.


Al medio día comimos juntos.


Fuimos a un restaurante que había puerta con puerta con el bar de mi hermana, la comida de allí era buena y el servicio excelente, con el valor añadido de que nos conocían. Mi hermana pidió una bandeja de mejillones a la marinera, Carol escogió canelones con bechamel y yo bistec al roquefort, mi sobrino comió un poco de todo lo que pedimos.


— ¡Qué buena pinta! —dijo Carol.


—Si quieres podemos compartir —dije yo tímidamente. Carol se mostró encantada, le pregunté si quería que pidiese otro plato para poder repartir la comida, pero prefirió que comiéramos del mismo.


—Parecéis una pareja de enamorados —dijo Kristin dirigiéndose a nosotros—; a mamá le encantaría presenciar esto —terminó con tono de desdén.


Congelé una sonrisa. Pero dentro de mí estalló un mar de recuerdos, de nostalgia y de pensamientos de mi futuro próximo. La felicidad de las últimas horas junto a mi familia acabó en aquel momento.


Al terminar mi comida me despedí de las chicas y de mi sobrino y me fui hacia la estación, necesitaba ver a Miche. Únicamente su presencia me haría sentir mejor. Una vez en el tren un mar de pensamientos se me echó encima sin poder evitarlo. Primero pasó por mi cabeza Sixto y Adirand yaciendo en la cama, sentí celos, después recordé algo que me hacía especial. Yo estaba vivo. Aquella sensación me alivió pero luego me atormentó de nuevo, debía comenzar a despedirme de todos. Podría haber aprovechado el encuentro con mi familia para hacerlo. Solo morirá tu cuerpo humano. Me dije para tranquilizarme. La palabra muerte cobraba un nuevo sentido para mí. Pero antes de que eso ocurriera, aún tenía que despedirme de mi hermana y sobrino, de Mickel, pasear a Mina por última vez y asegurarme de que la cuidarían bien en mi ausencia. Y también tenía que acostarme con Carol. Me agobió pensar en todas las cosas que debía hacer antes de convertirme en uno de ellos. Me sentí confuso y asustado. Miré mi mochila y saqué mi libro, lo sujeté con las manos pero no sentí necesidad de seguir leyendo, ya que la realidad, mi nueva realidad, era ya bastante emocionante. Arrastré aquel amargor el resto del día. Como ya había supuesto anteriormente todo aquel que me vio al llegar a la universidad, me alertó de mi extraña blancura, yo me limité a sonreír, no me relacioné con nadie hasta encontrarme con Miche. Miche se acercó a mí.


—Pensé que ya no vendrías —dijo.


Al verle le abracé y comencé a llorar en silencio. Él hizo lo propio, y en un momento nos dirigimos a su coche para volver a casa.


Una vez hubimos llegado al coche.


—Voy a acostarme con Carol —dije enjuagándome las lágrimas.


— ¿Y lloras por eso? Si te sientes obligado, tranquilo, lo haré yo por ti —dijo sin poder parar de reír.


Se me contagió la risa y empecé a reír histéricamente al igual que el día que hicimos juntos el experimento nº2.


—No, ahora en serio, ¿por qué llorabas? —volvió a preguntarme mucho más serio. Me encogí de hombros. Y me vi incapaz de articular palabra sin romper a llorar de nuevo hasta que llegamos a mi portal.


Sacó la llave de contacto y jugó con ella entre sus dedos durante un momento, luego me puso su mano sobre la rodilla.


— ¿Qué pasa? —me preguntó por tercera vez, tan suave como siempre solía hablar Miche.


Respiré hondo, me mordí el labio inferior y dije.


— ¿Recuerdas, cuando de niños, mi madre me pilló en el torrente, abriendo a un gato muerto para averiguar qué tenía por dentro? —le pregunté con una leve sonrisa en mis labios, el asintió y también rió.


—También recuerdo, cuando lo hiciste con aquel pájaro, perro, rata... —enumeró Miche. Aquello me hizo sonreír todavía más.


Continué.


— ¿Recuerdas cuando ellos murieron? —Noté cómo Miche se giraba hacia mí bruscamente debido a la sorpresa. Ya que no solía hablar de ello—. Sé que todos me mirasteis de un modo distinto desde aquel día.


Diciendo aquello quería referirme al día que murieron mis padres.


Nos encontrábamos en el depósito de cadáveres. Kristin lloraba junto a nuestros tíos y más parientes en los que no reparé al entrar. Entré directamente a la sala donde se encontraban mis padres, los cuerpos sin vida de mis padres. Me acerqué a ellos y fríamente sin andarme con rodeos les pedí a los forenses que me permitieran hacer la autopsia con el.


Parándome a pensar ahora, no sé cómo llegó aquella petición a oídos de todos los que se encontraban en la sala posterior.


— ¿Cómo fuiste capaz de hacer aquella petición? ¡Eran tus padres! —exclamó Miche inesperadamente.


Le miré por un momento, parecía dolerle más a el que a mí. Proseguí.


—Luego la vida continuó como si nada hubiese ocurrido. Tú y Kristin seguisteis a mi lado, a diferencia de todos los demás, que se alejaron de al descubrir mi lado más oscuro.


Miche hizo una mueca torciendo los labios y dijo.


—Bueno, pero, ¿qué pasa? ¿Qué estás tratando de decirme? ¿Qué desde entonces tu ambición ha sido resucitar a los muertos? —preguntó. Yo negué con la cabeza.


—No…, ésa no… no era mi intención —respondí frunciendo el ceño.


—Siempre creí que la muerte de tus padres te había afectado tanto que era por esa razón que hacías los experimentos. Dime, si ésa no era la razón, ¿cuál era?


Me quedé tan sorprendido como él al no ser capaz de facilitarle una respuesta. Me quedé mirando al frente y dije con la mirada perdida en el infinito:


— Mi vida se ha convirtiendo en un experimento. —Después suspiré conteniendo mis nuevas ganas de llorar, tragándome la despedida que deseaba darle a mi mejor amigo, a punto estuve en aquel preciso momento de confesarle lo que me proponía hacer con migo mismo, pero en lugar de ello continué con la conversación que habíamos comenzado y seguí hablando—. Me refiero a que quería descubrir, averiguar, todo aquello que sé que existe y nos esconden para que podamos vivir en paz... Quería saber... saberlo todo. — Mi argumento me pareció algo desconcertante, no sabía a dónde quería llegar. Aun así, Miche estaba más perdido que yo, no entendía nada de lo que decía, pero espero con paciencia a que mi silencio terminara, y así ordenara mis ideas. Entonces de improviso dije.


—Ha llegado el momento de experimentar conmigo mismo.


Miche entrecerró los ojos mirándome, y luego bajo la mirada. A su vez yo me quede mirando al frente sin creer lo que acababa de decir.


—Me estás asustando, creo que vas a hacer alguna locura —dijo mirando al suelo casi susurrando. Le abrace, él también lo hizo.


Cuando me separe de él, vi como sus ojos se habían vidriado.


—Te estas despidiendo de mí, ¿verdad? —dijo casi echándose a llorar.


No le contesté, no me veía capaz de confesar toda la verdad. Volví a abrazarle afectuosamente.


—No te preocupes por mí, estaré bien —quise tranquilizarle y destensar la situación mientras cogía mi mochila.


Miré a Mike por última vez y salí del coche.


Me metí en el portal huyendo de tener que contarle la verdad a Mike. Y subí las escaleras sin mirar hacia atrás. Oí cómo el coche se ponía en marcha y se alejaba de allí. Lo hice fatal, Miche no se merecía que le dejara de aquel modo, sin ninguna explicación. Pero por más que lo intente no encontré valor para confesar que iba a desaparecer, a morir al fin y al cabo. Que para él los años seguirían, que viviría y que desaparecería. En cambio para mí...





Al llegar a la puerta de casa apoye mi espalda en la pared de al lado de esta, me deje caer al suelo notando con mi cuero cabelludo el relieve del estucado de la pared. Quedé sentado y rompí a llorar sin poder pensar claramente en nada.

3 comentarios:

  1. Muy bueno, me ha gustado mucho. La trama está muy interesante y engancha. Sigo viendo algunas expresiones que me suenan raras pero, después de leer algún post sobre correcciones, no sé si es correcto cambiarlas o no. Los signos de puntuación están bien y creo que aún sigue faltando algún acento, pero está muy bien en conjunto. ¡Enhorabuena! ¡Sigue así! Lo estás haciendo muy bien.

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  2. Muy bueno, me ha gustado mucho. La trama está muy interesante y engancha. Sigo viendo algunas expresiones que me suenan raras pero, después de leer algún post sobre correcciones, no sé si es correcto cambiarlas o no. Los signos de puntuación están bien y creo que aún sigue faltando algún acento, pero está muy bien en conjunto. ¡Enhorabuena! ¡Sigue así! Lo estás haciendo muy bien.

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