domingo, 13 de septiembre de 2015

capitulo 5



5


Giré y miré mi portal. Luego miré el reloj de mi muñeca. Ya eran más de las nueve de la noche me quedé más de diez minutos pensando, decidí ir a ver a mi escritor para hablar un rato pero solo conseguí dar una vuelta a la manzana. No le di demasiada importancia. Saqué las llaves de mi bolsillo y entré en casa. Mina corrió a recibirme, olió mi ropa con insistencia, la ahuyenté y entré en mi cuarto para ponerme un suéter de manga larga, para cubrir mi brazo venado.

— ¿John? —escuché a continuación. Salí de la habitación rápidamente.

— ¡Hola! —le dije a mi hermana que vino a saludar después de entrar.

— ¿Qué tal? Llegas justo a tiempo para la cena —dijo sonriendo.

Primero pensé en excusarme ya que no tenía apetito, pero al oír los gritos de mi sobrino que todavía estaba despierto, cambié de idea. Asentí con la cabeza, pero primero volví a mi habitación y cambié mis Converse por mis zapatillas de ir por casa, fui al comedor y me los encontré sentados alrededor de la mesa, Carol también estaba allí. La miré, me miró, intercambiamos sonrisas y tomé asiento. Me serví sin quitarle el ojo de encima a ella y comencé a comer. Tenía a mi sobrino sentado a la derecha que al ver que no le prestaba atención, me tiró un macarrón a la cara, le miré de reojo mientras con una mano le hacía cosquillas debajo de la mesa, éste estalló en carcajadas.

—Parad los dos —se quejó mi hermana—. Es como tener dos niños en casa.

El niño volvió a mirarme de reojo, como culpándome por la bronca de su madre.

Estuvimos en silencio durante unos segundos, luego empezamos a conversar.

— ¿Qué has hecho hoy? —me preguntó Carol.

—He ido a hacer unos recados con Micke —contesté después de tragar mirando aun a mi sobrino. Luego hubo silencio de nuevo.

Mi sobrino había devorado un plato del mismo tamaño que el mío.

— ¡Ya ta! —gritó bajando de la silla con la cara y las manos llenas de tomate. Corrió hacia su habitación, como era de esperar mi hermana corrió tras él gritando.

— ¡Antes has de lavarte las manos! —le dijo

— ¿Qué recados son esos? —preguntó Carol aprovechando aquel momento íntimo. Negué con la cabeza, no podía contárselo, ¿qué pensarían de mí?

Luego apareció mi sobrino con un coche de juguete en la mano y me lo lanzó, con tan buena puntería que chocó con mi reciente herida. Grité de dolor, este se quedó parado pensando que lo que realmente me había hecho daño había sido su juguete. Me levanté de la mesa y me fui a sentar al sofá, pero antes de llegar oí cómo mi sobrino que había quedado tras de mí, rompía a llorar amargamente, me giré alarmado y vi que lloraba mirando al suelo, unas gotas de sangre seguían un rastro, provenían de mi brazo, el golpe había hecho que éste volviera a sangrar de nuevo. Sin preocuparme que pudiera mancharle de sangre le cogí en brazos y le besé para tranquilizarle.

—No ha sido por culpa tuya —le dije, pero este aún lloraba.

— ¡Pupa!

—Ha sido un perro —dije al fin.

— ¿Guau? —me preguntó el niño sorbiendo los mocos. Asentí con la cabeza y volví a besarle la mejilla.

— ¿Esos eran los asuntos que teníais que atender tú y Micke?

En ese preciso momento una fuerza me llamaba desde la salida de casa. Me mordí el labio inferior. “Qué oportuno”, pensé.

—Es una larga historia —dije meciendo al niño que tenía en brazos, colgado de mi cuello.

—Ahora debo ir al hospital para que me curen. Mañana te lo contaré, lo prometo —le dije a mi hermana mirándole a los ojos sinceramente. Esta se acercó a mí y cogió al niño en brazos. Me fijé, le había manchado su pijama de sangre. Ella también se percató. Me hizo una señal con la cabeza para que no me preocupase por aquello. Sonreí y me alejé de aquella escena, la herida me escocía.

—Si quieres te acerco —dijo Carol.

—No es necesario, Micke...

No hizo falta acabar la frase ya me entendieron.

Fui a mi habitación y volví a calzarme mis Converse. Ya me dirigía a la salida cuando se acercaban por el pasillo mi sobrino y Mina.

—Están preocupados —dijo mi hermana desde el otro extremo del pasillo.

Me agaché y le besé de nuevo.

—Solo ha sido un rasguño —dije acariciando a Mina en la cabeza. Cogí mis llaves del recibidor.

— ¿Ha paseado ya? —pregunté refiriéndome a mi perra, mi hermana me lo afirmó, después de ver cómo mi sobrino corría hacia el comedor junto a su madre y Carol, salí de casa.

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