miércoles, 30 de septiembre de 2015

Capitulo 17


17



Creo que volví a desmayarme al ver cómo amanecía. Fui despertando poco a poco, mientras recomponía los hechos de mi desmayo o como quisiera que se llamase lo que nos pasaba a los vampiros al amanecer. Pero inesperadamente llegó el olor, aquel olor, iba a volverme loco, me volví a estremecer. Junto conmigo, mis sentidos iban despertando.

Había alguien más en aquella habitación, respiré hondo, intentando detectar, por el olor, de quien se trataba. No le reconocí. Sabía que era humano, aquel olor, hizo que mi boca se inundara de saliva. Me abrió el apetito. Abrí los ojos y me puse en pie. Al ver a los cuerpos de mi familia no sentí nada. Mi cerebro ordenaba prioridades y ahora lo primero era aquel olor, y mi apetito, que con el crecía a cada momento.

—Micke —susurré mirándole fijamente, mientras me acercaba a él seduciéndole para que no se marchara asustado.

Tragué saliva, noté mis colmillos de nuevo al mover mi lengua, creo que olí su miedo. Entonces leí en su mente, Micke había venido a mi casa al ver que no había asistido a clase, ni atendía al teléfono. Preocupado por mis cambios repentinos de humor. Entró en casa sin ningún problema ya que encontró las llaves bajo el felpudo de la entrada, era donde solíamos esconderlas para las emergencias. Antes de introducir las llaves en la cerradura había picado durante más de diez minutos, pero al ver que no obtenía respuesta entró y fue directo al comedor. Allí nos encontró a mi hermana, a mi sobrino y a Carol en postura fetal. Yo permanecía tumbado hacia abajo. Me tomó el pulso y no lo encontró.

Había pasado tres horas allí sin saber qué hacer. Me había dado por muerto. Entonces yo había despertado y había comenzado a acercarme a él, olvidando prácticamente de quién era.

Recuerdo que como si de un animal me tratase le mostré los dientes e incluso gruñí levemente. La situación me excitaba. Tenerle acorralado me hacía sentir poderoso y aquel olor...

Paré frente a él, casi rozándole y aspiré, casi podía probarlo. Me relamí y me acerqué más, comencé a besarle en el cuello suavemente, como si de mi amor de toda la vida se tratara. Micke no pudo resistirse a mi hechizo y dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola sobre la pared. Seguí besándole succionando justo sobre la vena de su cuello notando cómo latía; el ser humano es incapaz de desear nada, del mismo modo en que deseamos nosotros la sangre. Abrí más mi boca y clavé suavemente mis colmillos. La sangre salió de su cuello e inundó mi boca. Comencé a delirar en el mismo instante que Micke dejaba caer su cuerpo y se entregaba a mí por completo. No recuerdo ningún sabor más dulce que el de aquel primer sorbo de sangre humana. Entonces, en el momento más placentero de mi éxtasis, noté su presencia. Me enfurecí, giré y me abalancé sobre Sixto, que se había parado tras de mí. Al soltar a Micke, cayó al suelo y permaneció inmóvil, como ido.

—No tendría que haberte dejado solo —dijo Sixto emergiendo de entre las sombras. Me sujetó por la cara con las dos manos. Noté también que ya no le era tan fácil controlarme, aun así con pasmosa facilidad acercó mi cara hasta su cuello, luego me soltó, le hinqué mis colmillos con fuerza.

—Ya me he alimentado, puedes saciar tu sed conmigo. Pero, por favor, se suave —me dijo como si no sintiera dolor alguno. No le obedecí: más que tragar, engullía su sangre.

—Deja que la fluidez de la sangre llene tu boca, y después traga —insistió pacientemente.

Poco a poco comencé a obedecer. Llegó un momento que mientras seguía bebiendo, empecé a recordar, donde me encontraba y lo que había pasado. Recordé a Micke, mi buen amigo Micke que había vuelto a ser consciente y observaba inmóvil sin entender nada de lo que sucedía. Sé que vio a Sixto, a mi amado Sixto que había vuelto a mi lado, como a un salvador. Cuando hube tenido suficiente separé mi dentadura de su piel y utilizando mi lengua y labios curé la herida que le había hecho aun a sabiendas de que esta lo aria sin mi ayuda. Luego le abracé tan cálidamente como antes lo había hecho.

Después de alimentarme con la sangre de Sixto volví a ser yo. Había vuelto, supongo que mis suplicas rogando que volviera habían surtido efecto.

¿Qué pasaría si Sixto no se encontrase a mi lado la próxima vez que volviese la sed? Oí el pensamiento de Micke como un susurro. Me aparté de Sixto y me giré para poder ver a mi buen amigo. Se encontraba apoyado contra la pared con los ojos muy abiertos, repitiéndose una y otra vez que aquel ser no podía ser yo.

—Micke —le susurré apenado. Yo sabía que al haber entrado aquel día en mi casa, había firmado su sentencia de muerte, ya que si Sentus nos acechaba y vigilaba, supuse que también querría acabar con Micke al igual que había hecho también con mi familia.

Me giré para poder ver a Sixto de nuevo.

—No hay algún modo... —me esforcé en preguntarle a Sixto con el ceño fruncido, quien aprovechó el imprevisto de la presencia de Micke para enseñarme a hipnotizar a los humanos.

Me pareció injusto hacerle aquello a Micke, pero la única opción que encontramos para sacarlo de aquel embrollo fue hipnotizarle y hacerle olvidar todo lo ocurrido aquel día. Sixto añadió en la mente de Micke una explicación, para sí mismo, de mi desaparición, la cual no conozco ya que no quiso entrar en detalles y no me contó nada. Intenté en varias ocasiones bloquear su mente pero no lo conseguí. —No te impacientes, con el tiempo lo dominarás, mi querido John , dispones de todo el tiempo del mundo... —comentó Sixto.

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