miércoles, 30 de septiembre de 2015

Capitulo 12


12



Me desperté en mi cama, tan misteriosamente como me había despertado casi todas las noches que había compartido con él. Sentí un agudo dolor de cabeza, me quedé reflexionando más de diez minutos sin abrir los ojos, presionándome con los dedos la sien. Al ver que el dolor de cabeza no pasaba decidí levantarme. Apoyé todo mi peso sobre mis brazos. Me asusté al ver que alguien ocupaba el lado izquierdo de mi cama. Ese alguien no desprendía precisamente calor corporal.

Aparté un poco la manta que le cubría y vi su tez blanca y su pelo rubio. Entonces caí en la cuenta de que él se había detenido en tapar todos los huecos, por donde podría colarse la luz del día. Sonreí de alegría por tenerle a mi lado y volví a tumbarme en la cama. Esperaría a que despertara.

A los diez minutos no pude contenerme. Seguía con vida.

—Estoy vivo —susurré.

Tenía que salir de allí. Ya tendría tiempo por la noche para estar junto a él y pedir explicaciones. Pero en aquel momento necesitaba ir a ver a Micke. Mire el reloj, llegaba tarde a clase, cuando Micke me viera me iba a regañar de nuevo, aquello me hizo sonreír. Me vestí sin hacer el más mínimo ruido, coloqué mi mochila al hombro y salí en silencio de la habitación, cerrando la puerta con sumo cuidado y rapidez. Antes de salir de mi zona entré en el cuarto de baño, me aseé y me disponía a salir de allí cuando oí cómo Mina empezaba a ladrar amenazante tras la puerta, supe que era por la presencia de Sixto. Salí de mi zona y le mandé callar, cosa que no conseguí, esta seguía ladrando e incluso se me encaró.

Entonces apareció Kristin que dando una única orden, Mina obedeció mirando de reojo hacia mi habitación. Kristin me miró des del comedor, me acerqué a ella, todavía se oía el ruido de mi sobrino correteando y gritando como siempre hacia. Aparecí cogiéndole en brazos. Este estalló en gritos y risas.

— ¡No, John no! —me decía negando con el dedo índice, señal de que todavía quería jugar conmigo.

—Ahora tengo prisa, pero te prometo que esta noche jugaré todo lo que quieras contigo —le dije para después besarle en la mejilla.

Me sentía más vivo y feliz que nunca. Me acerqué a mi hermana y también la abracé, cosa que no solía a hacer muy a menudo, esta se quedó sorprendida, pero aceptó mis brazos encantada.

—Por favor, no entres en mi cuarto, te lo suplico —le pedí repentinamente.

Ella se extrañó y miró esperando una explicación. Para variar me despedí diciéndole que se lo contaría más tarde, pero sobretodo le remarqué que ante nada no entrase allí.

Salí de casa, ágilmente, salí del portal, aquel día el sol me pareció más intenso que ningún otro día. Tapé con mis brazos mi rostro durante un momento, lo miré directamente, cosa que siempre había evitado hacer para proteger mi vista. Me dirigí a la estación como tantas veces había hecho, pero jamás había disfrutado tanto de hacerlo como aquel día. Supongo que no había sabido valorar mi vida, hasta que había estado a punto de perderla.

Fui hacia la universidad, con aquella alegría en el cuerpo que parecía imposible de apaciguar. Llegué al campus e hice tres clases, antes de que llegase la hora del descanso del mediodía. Salimos de clase cinco minutos antes así que fui al aula donde Micke debía encontrarse y le esperé a la entrada. Salieron varios alumnos, entonces salió él, le vi triste mirando hacia el suelo, como caminando sin rumbo. Me acerqué y pare ante él, alzó la vista, paró frente a mí para verme, después me abrazó con aquel amor incondicional que sentíamos entre nosotros, como si de hermanos nos tratásemos. Cuando me soltó se apartó solo unos pasos y frunció el ceño.

—Me has tenido muy preocupado, han sido casi dos días… amargos… ¡Por tu culpa! —empezó a regañarme, cosa que no me sorprendió y que, en definitiva, merecía. Pese a esto, todo lo que logró fue que sonriese.

La gente que por allí pasaba se nos quedaba mirando extrañada. No le di importancia. Luego empezamos a caminar, nos dirigíamos al comedor del centro, esta vez él se había traído comida de casa, y como su madre siempre le preparabas raciones exageradas decidió compartirlo conmigo. Comimos. Yo le conté lo de Carol, y él me habló de una nueva chica en su clase que no dejaba de pedirle ayuda, y sabíamos que si en una clase repleta de varones una de las pocas chicas se acercaba a ti, era por alguna razón. Nos echamos a reír por el hecho de pensar del mismo modo.

Al acabar la hora de comer volvimos a clase y el día transcurrió tan alegremente como había comenzado. Exceptuando que a última hora un seguido de vómitos y mal estar hizo presa de mí. Eché toda la comida que hube ingerido. No me sentía todavía demasiado bien, así que esperé a Micke fuera del centro, sentado en el césped, aguantando mi cabeza entre mis manos. No comprendía porque de repente me había empezado a sentir tan mal. Me tumbé y dormité hasta que apareció Micke y se sentó a mi lado, me dio unas palmaditas en la rodilla para que notara su presencia. Abrí los ojos, y vi que ya había oscurecido. Dormir me había sentado bien, el malestar había desaparecido.

Subimos al coche y nos dirigimos a casa, le comenté lo que me había ocurrido pero que después de dormir un rato ya me sentía mucho mejor. Me dejó frente a casa, no tardé en subir, comenzaba a sentirme cansado.

— ¿Nos veremos mañana? —preguntó con desconfianza, yo le confirmé con la cabeza, sonreí y subí a casa.

El piso se encontraba en silencio, por lo que supuse que debían estar durmiendo. Me metí en mi habitación ansioso por verle. Dormía, bueno más que dormir parecía yacer muerto, no respiraba, le toqué la cara, no le encontré tan frío como siempre me lo había parecido. Dejé mi mochila en el suelo y me tumbé a su lado, me sentía muy débil. En ese momento abrió los ojos. Se incorporó sentándose, llevaba el pelo suelto, su larga melena rubia le llegaba hasta la cintura.

— ¿Cómo te encuentras? —me preguntó, estirando el brazo para acariciarme la cara.

—He tenido un día genial: he salido de casa, he ido a la universidad, he vuelto a ver a Micke... Todo ha transcurrido sin ninguna variación extraña. Hasta que ha oscurecido, de repente he vomitado toda la comida que había comido, y me he empezado a sentir mal, pero de repente se disipó el malestar, así que vuelvo a estar bien y también...

Se quedó perplejo mirándome con los ojos muy abiertos, callé al ver su expresión de horror.

—Eso es imposible —dijo casi sin mover los labios.

Luego volvió a estirarse tapando su cara con las dos manos. Me senté cerca de él y apoyé mi cabeza en su abdomen.

—Pero… ¿se puede saber qué he hecho que te hace sentir tan mal, confuso y asustado? —le pregunté al tiempo que le abrazaba, complacido y completo por poder estar a su lado de nuevo.

—Eso es imposible —repitió mirándome esta vez—. Te has expuesto al sol... Y no...

No terminó la frase.

Saltó de la cama y camino inquieto por la habitación. Me levanté y cogiéndole por las muñecas le obligué a sentarse de nuevo.

— ¿A qué te refieres? —susurré horrorizado mientras descubría mis nuevos colmillos con la lengua.

3 comentarios:

  1. Otro final con espera desesperada...Muy bueno. Aparece en un par de capítulos esto de "un seguido" que no había oído nunca, imagino que será una expresión local pero me suena rara. Por lo demás genial.

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  2. Guai no me cuadra que en el capítulo anterior Sixto lo dejara en la playa y en este aparezca durmiendo a su lado.
    Otra cosita: cusndo John le explica a Sixto como le ha ido el día, en el mismo párrafo poned 2 veces la expresión "de repente" y suena algo repetitivo. Jeje

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  3. A la primera cuestión, ten paciencia. A la segunda Gracias hahaha

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