miércoles, 30 de septiembre de 2015

Capitulo 14


14



Todo aquello volvió a mi cabeza como si me hubieran golpeado. Me pitaban los oídos, me mareé y tuve que sentarme para evitar caer desplomado al suelo.

—No puedes haber caminado bajo el sol porque ya estabas muerto —me aseguró Sixto refiriéndose a que ya había concluido mi transformación. También acabó de explicarme lo ocurrido, lo que no pude recordar debido a que no estaba consciente—. No me había alimentado lo suficiente y el proceso de convertir a un humano nos absorbe mucha energía, nos deja agotados —dijo mirándome pero sin mirarme—. De todos modos habría arriesgado mi vida por que no murieras en aquellas circunstancias. Y de hecho lo hice, pese a que tenía claro que no llegaría antes del amanecer. Era necesario que acudiera a tu llamada. Los primeros rayos de sol me alcanzaron, me quemaron los brazos.

Alzó los brazos, no tenía ni un rasguño. Pero la expresión en su cara hacia parecer que sintiese dolor todavía.

—Llegué a tu edificio. Tuve que esperar un rato apoyado en la pared bajo la sombra para conseguir reunir fuerzas para poder llegar hasta aquí. No puedes imaginar cuanto me costó resistirme ante el poder del sol, que intentaba que abandonara mi cuerpo. Cuando entré te encontré tumbado en tu cama. Me deje caer a tu lado y actué con rapidez. Sentí tener que hacerte una nueva herida, esta vez, en tu muñeca. Pero me sentía demasiado débil como para buscar la que Sentus acababa de hacerte. Sorbí saboreando tu sangre humana, consciente que después de aquello ya jamás volvería a saber del mismo modo. Al fin estabas a salvo, ya eras uno de los nuestros. El sol me llevó a donde me lleva cada amanecer —concluyó mirándome a los ojos—. Sentus había bloqueado tu mente, por eso hasta que yo no la he desbloqueado no has podido recordar.

Al ver que miraba las ventanas cubiertas de ropa, me aclaró.

—Eso lo hice con mi imaginación amor mío —contestó con afecto. Achiqué los ojos, no entendí a que se refería—. Poseemos ciertos poderes, especiales... Los irás descubriendo con el tiempo —me aclaró— Ahora mi gran miedo es que hayas descubierto que preferías seguir con vida —dijo mirándome con dureza, esperando una respuesta.

Por momentos vi que se impacientaba.

—Siempre nos quedará la luz del sol —contesté sin mirarle.

Algo dentro de mí no andaba bien. No conseguía pensar con claridad. Un seguido de dudas sobre por qué había conseguido caminar bajo el sol. Por qué mi transformación había sido tan violenta, y por qué había sido Sentus quien lo había hecho, se abatieron sobre mí.

—Sentus —dijo Sixto negando con la cabeza—. No le creí capaz de hacer algo así —confesó a continuación, ciertamente embargado por la vergüenza y la responsabilidad—. No es mi deseo que nos convirtamos en sus enemigos. Sentus dispone de un gran poder —siguió diciendo apenado. Su rostro reflejaba preocupación—. Intentaré dialogar con el...

Me quedé sorprendido ya que creí que al convertirme dejaría de leer en mi mente.

—Jovencito, quítate esa idea de la cabeza, esto no es uno de los volúmenes de Anne Rice —Sixto no tardó en volver a nuestro tema inicial—. No obstante, no creo que venga a por nosotros, ya que ha zanjado bien este asunto —dijo mirándome a los ojos. Después dejo caer la mirada al suelo.

Al decir aquello me dejó leer un mensaje entre líneas, o quizá me dejó leer en su mente, no lo recuerdo.

—Kristin —susurré.

No podía moverme, noté cómo empezaba a hervirme la sangre. No pude creerlo, no puedo acabar de creerlo ahora. Negué con la cabeza y salí disparado de la habitación. Me dirigía precipitadamente al comedor de mi casa cuando, al abrir la puerta que separaba mi zona del resto de la casa, Mina saltó sobre mí mordiéndome, clavando sus afilados colmillos caninos bien hondo en mi brazo. Me la quite de encima de un manotazo, esta chocó contra el mueble del recibidor y después de emitir un grito de dolor se arrinconó asustada. Por primera vez noté como mi nueva anatomía vampírica curaba mi brazo herido, pero no me entretuve en aquel suceso ya que lo que iba a encontrar tras la puerta cerrada del comedor, iba a cambiar mi vida.

Abrí la puerta y caí de rodillas al suelo.

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